hasta principios del siglo XX, en Estados Unidos se entendía en base a las leyes de la época que todo el cielo que estaba por sobre tu terreno, hasta el infinito del cosmos, era tuyo también. Así, cuando el avión se transformó en realidad, sucedieron cosas tan extrañas como que un ciudadano demandó al Gobierno por las pruebas que la Fuerza Aerea hacía sobre su propiedad. En ese entonces, a pesar que las leyes lo respaldaban hasta ese día, el demandante no obtuvo lo que buscaba, sino todo lo contrario, ya que la corte suprema señaló que el cielo debía ser considerado, sólo hasta cierto punto, propiedad de la nación. Es decir, en ese caso, el poder del Estado se impuso por sobre la debilidad de este ciudadano de campo.
Así, más o menos, empieza el libro de Lawrence Lessig llamado FREE CULTURE, el cual es la última pieza literaria que estoy intentando leer.
Para los que no saben, Lessig es un abogado gringo, profe en la Universidad de Stanford y la cabeza detrás de Creative Commons. Y precisamente el libro que menciono en este post, habla como el concepto de propiedad debe ir adaptandose a las necesidades y circunstancias de cada tiempo, tal como ha sucedido en los ejemplos que va señalando al inicio de su texto.
La idea central de Lessig está en cómo las leyes actuales de propiedad intelectual estan frenando la creatividad, en vez de adaptarse a las necesidades sociales actuales que han traido las nuevas tecnologías, especialmente Internet. Casos clásicos como lo que está sucediendo casí ya desde hace una década con la música y la industría discográfica son temas relevantes.
En lo personal recomiendo esta lectura, ya que tiene que ver totalmente con temas que nosotros, los “diseñadores digitales”, tocamos diariamente; creatividad, tecnología y propiedad intelectual.
En el sitio de Lessig pueden descargar el PDF del libro de manera totalmente gratuita, ya que está, obviamente, bajo una licencia Creative Commons. El problema es que ahí está en Inglés, pero lo pueden encontrar en otros lados traducido al Castellano. Sin embargo, debo decirles que intentar leer a través del monitor no es una tarea muy agradable, así que lo pueden imprimir o bien comprárselo por ahí. Para dar el dato, recuerdo haber visto la edición castellana del texto en una librería que está en el Drugstore de Providencia, subiendo una pequeña escalera, justo al costado de los cafés que hay en el pasillo principal. Así que el que se quiera unir a la lectura, pues bienvenido sea.
FREE culture
miércoles, 21 de mayo de 2008
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JOAN COSTA
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La última creación del pintor gandiense Joan Costa es un cuadro de grandes dimensiones en el que ha empleado una temática poco utilizada dentro de la iconografía religiosa. Costa ha recreado en el lienzo que ya cuelga en la iglesia de las Escuelas Pías de Gandia el día después de la Última Cena de Jesucristo. Las protagonistas, en este caso las homenajeadas, son las mujeres anónimas que limpian el cenáculo.
El lienzo tiene una longitud de 4,80 metros y una altura de 2,20 y en él se observa a un grupo de 12 mujeres que están limpiando el cenáculo que Leonardo Da Vinci pintó para ambientar su conocida Última Cena, para un convento de Milán.
El lienzo pintado durante el verano pasado es un "autorregalo" de los escolapios para conmemorar el segundo centenario de la llegada de los escolapios a Gandia. El cenáculo de Da Vinci, con trece hombres dispuestos alrededor de la mesa era la representación de la autoridad y la virilidad. Pero a este espacio se le abren dos puertas de servicio por las que acceden mujeres que no salen en el relato evangélico y que "hoy en día siguen limpiando de forma anónima los templos". En él se constata la madurez del pintor gandiense puesto que se puede comparar con el altar mayor del templo que fue pintado por el mismo autor cuando contaba 21 años.